El padre que siempre soñe

Crecí con el afecto, la atención y los cuidados de mi padre. Pese a que nuestra relación a veces podía resultar un poco tormentosa, haber tenido la mejor niñez es algo que, en gran parte, le debo a él. Sin embargo, los lazos afectivos se fueron debilitando con el tiempo, hasta que finalmente salió de mi vida.

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Muchos somos hijos de padres ausentes. Padres que un buen día, se van. Y uno se queda sin saber muy bien donde meter la cabeza. Tu mamá pasa a ser la única en encargarse de ti y tus hermanos, con sus propios miedos, con las mismas dudas que tienes, con las mismas preguntas sin respuestas. Esto hace que las celebraciones familiares se conviertan en un verdadero desafío emocional.

En el fondo, sabía que las cosas no estaban bien. Mis hermanos y yo participabamos de escenas que son dificiles de olvidar y de discuciones que jamás hubiéramos querido escuchar. Pero no lo pudimos evitar.

Con los años, la situación no hacía más que empeorar y la distancia solo se hacía más grande, hasta que un dia mis ojos ya no alcanzaban a ver su silueta. Dejó de aparecer en las fotos. Ya no era más que un eco, una historia. Y lo entendí. Habia decidido marcharse.

Este abandono, fisico y emocional, en plena flor de mi juventud, provocó un daño del que no me había dado cuenta. Su decisión de salir de nuestras vidas habia generado incongruencias en mi y en la manera en que yo establecia relaciones, que no noté hasta hace poco. Me llené de inseguridad y temor pero no lo había aceptado.

Sucede que, en algunos casos, no sabes que estás herido hasta que ves la sangre.

Es una irrealidad creer que algo con tanta carga afectiva no nos va a importar. Por eso, lo queramos aceptar o no (que tarde o temprano lo hacemos, como yo) terminaremos por entender que el abandono deja heridas en nosotros que tardan en sanar. Un proceso del que ahora estoy formando parte.

Un padre puede estar ausente de diversas maneras, por diferentes razones. Y uno que deliberadamente decide abandonar a su familia, determina con fuerza nuestra evolución emocional. Sin embargo, hay una fuerza mayor que espera con ansias, pero pacientemente, ser acudida.

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Salmos 27:10

‘’Aunque mi padre y mi madre me dejaran,

Con todo, Jehová me recogerá’’

El panorama se ve un poco diferente desde aquí.

Dios creó a la familia como un medio de protección y bendición para cada ser humano, pero el enemigo ha tratado de diferentes maneras de destruirla para distorsionar el camino de las personas y ha introducido el divorcio, la violencia doméstica, la irresponsabilidad y el abandono del hogar.

Gran parte de nuestra relación con Dios como padre, la filtramos a través de nuestras experiencias con nuestros padres terrenales. Las experiencias negativas y las heridas emocionales pueden impedirnos concebir a Dios con esa idea, por la referencia distorsionada que podamos tener.  Pero como creyentes necesitamos recibir a Dios no solo como Señor y Salvador, sino también como el padre que es, y aprender a vincularnos con Él como hijos. Su paternidad es uno de los grandes privilegios y beneficios que nos provee la obra de Cristo.

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Puede que aquí haya hijos e hijas que carguen con un profundo dolor a causa de las heridas causadas por el maltrato, rechazo y/o abandono sufrido por sus padres o alguno de ellos. Y luego les cuesta reconocer y experimentar la paternidad perfecta de Dios. Necesitamos pasar por un proceso de sanación y perdonar a nuestros padres terrenales para poder ver a Dios como padre. Luego nosotros pasamos a ser sanados. 

Sólo Dios puede tocar los más recónditos y profundos lugares de nuestro corazón herido y desilusionado, para traer sanidad a nuestras vidas. Necesitamos experimentar el amor transformador de Dios. Una vez lo hacemos, podemos entender que Dios es el padre que siempre soñamos. La única figura paterna que ciertamente jamás nos decepcionará y a quien honro en este día.

Más abajo les dejaré el link de una cancion que inspiró al titulo de esta publicación (por alguna razón no puedo poner el video como tal). Una canción que se convierte en una expresión de agradecimiento a Dios por llenar el vacío que dejó el abandono y por recordarme constantemente lo mucho que me ama y lo pendiente que está de mí. Una demostración de la paz que he venido sintiendo en el proceso de sanación, donde he comprendido que mi padre está en mi y en muchas de las cosas que hago.

Meditar en el poder de Dios, en Su soberanía y en Su majestuosidad, nos ayuda a comprender que Él es capaz de ayudarnos y sostenernos. Que el abandono o el maltrato no nos hace inservibles. Todo lo contrario. Nos puede convertir en lámparas que sirvan para compartir la luz de Cristo, a fin de iluminar las vidas de quienes han pasado por lo mismo y ayudarles a entender que todo va a estar bien.

“Oh afligida, azotada por la tempestad, sin consuelo; he aquí que yo asentaré tus piedras en antimonio, y tus cimientos en zafiros. Haré tus almenas de rubíes. Tus puertas de cristal y todo tu muro de piedras preciosas” (Isaías 54:11-12)

El padre que siempre soñe

 

2 comentarios en “El padre que siempre soñe

  1. Nuestro Padre Dios llena todos nuestros vacíos a través de su hijo Jesucristo quien es suficiente en nuestras vidas. Espero que estas letras sigan escalando a otros corazones para sanar sus heridas por la carencia de su padre terrenal y sean llenado por nuestro padre espiritual.

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