Amor propio

El mes pasado, por ser febrero, se habló mucho (y siempre se habla) del amor entre parejas, amor entre padres e hijos, amor hacia la familia y amigos en general. Pero yo pensé: ¿Qué hay del amor a uno mismo?

Incluso cuando es un mandamiento “amar a tu prójimo como a ti mismo”, parece que el ”como a ti mismo” a muchos se les dificulta poner en práctica, ya sea por circunstancias difíciles de la vida o carencias emocionales. Muchos han puesto en segundo lugar su amor propio, buscando quedar bien con los demás antes que consigo mismos. Pensar que la felicidad la encuentran en otras personas u otras cosas, cuando la realidad es que no se trata de lo que viene de fuera, si no de lo que sale del interior.

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He conocido personas que han terminado muy decepcionadas en el amor. He oído una larga lista de desgracias en el romance y cosas como tener miedo de estar solo y nunca encontrar a alguien con quien compartir la felicidad. Entonces surgen las preguntas comunes de “¿cuándo encontraré pareja?” o ‘’¿cuándo encontraré a la persona indicada”.

¿Debería una relación romántica definirnos?

Y es que siento que se ha convertido en una creencia arraigada eso de que necesitamos una relación, como si esta pudiera definir nuestro camino y nuestra identidad y si no tenemos una por un determinado marco de tiempo en nuestras vidas, entonces hemos perdido la oportunidad de recibir el tan deseado final de cuento de hadas. Buscamos y esperamos que los demás nos den el amor que en realidad ya llevamos dentro y esto crea relaciones de dependencia y apego, que inevitablemente nos conducen al sufrimiento. 

¿Por qué es que estas ideas se nos han forzado tanto y si no cumplimos con estas expectativas, entonces somos fracasos en el departamento de amor / romance? ¿Y si alguien no está listo todavía? ¿Qué pasa si hay otras prioridades en ese momento?

El casamiento y el formar una familia son cosas que agradan a Dios. Cosas que el formó y aprueba. La diferencia entre Dios y los hombres (y me refiero a la humanidad en general) es que Dios no te las impone. No te anda mostrando carteles que dicen: ‘’Date prisa, que se te van los años’’ o ‘’¿y el novio?’’ como los tíos y los abuelos en cada reunión familiar.

Hay demasiada presión social con respecto a este tema.

No sé tú, pero yo disfruto mi vida ahora y estoy disfrutando de la relación que estoy construyendo conmigo misma. Me he dado cuenta de que no necesito que alguien más venga e intente suplir mis necesidades o cumplir con mis expectativas, porque puedo hacer eso muy bien por mi propia cuenta.

Y no digo que una pareja no pueda hacerlo, o que no soy feliz cuando mi vida romántica está activa. Pero con los años he aprendido a darme cuenta de que la relación que realmente necesito estar trabajando es la que tengo conmigo, antes de pensar amar a alguien más. 

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Me quedé atrapada por un tiempo en esa tendencia de encontrar un compañero y casarme porque si no, entonces soy una perdedora súbita que no puede mantener una relación. Luego me di cuenta de que prefería cuidarme antes de ponerme a cuidar a otro. Yo quería amarme a mí misma, haciendo cosas por el bien de mi salud mental, emocional y espiritual primero, para luego poder compartir esa maravilla más adelante con otra persona.

Al aprender a cuidar mis emociones y sentimientos, me di cuenta de que podía amarme a mí misma y a otro simultáneamente, siempre y cuando hubiera un equilibrio.

Así que, si estás en esta posición, te aplaudo por ser valiente y permitirte el espacio de estar para ti. Mientras te ames, te irás dando cuenta de lo que mereces y crearás tu propio sentido y definición de amor. Te podrás ir convirtiendo en la mejor opción para alguien más. Especialmente para ti mismo(a).

Solo hazte un favor, y amate.

A pesar de todas las cosas que pienses que pueden estar terriblemente mal contigo, amate. Dios te ha hecho una persona única e irrepetible. No hay, ni habrá nadie más como tú con tus características físicas, talentos, habilidades, temperamento y todo lo que te hace ser quien eres. El Señor te amó desde que te diseñó en su mente. Si hubiera querido hacerte diferente lo hubiera hecho, pero no. Eres su creación admirable.

A demás, lo creas o no, es increíblemente aburrido y poco inspirador estar cerca de personas que no se aman a sí mismas.

Créeme. Yo no me amaba a mí misma hace una década atrás, y de alguna manera, mi comportamiento afectaba a otros. Así que, con los años aprendí que era necesario hacerlo si quería disfrutar de relaciones sanas con los demás. En lugar de pensar “Soy un ser humano muy feo por tener una frente muy grande’’,preferí pensar “Soy un ser humano increíble con enorme capacidad de amor. Soy hermosa y única’’.

Haz lo mismo.

Es más. Si quieres, haz una lista con todas tus cualidades y aquellas cosas buenas que los demás han resaltado de ti. Te lo recomiendo. Tal vez sientas incomodidad o vergüenza, porque la verdad es que se nos ha enseñado muy poco sobre resaltar nuestras propias cualidades, y reconocer las cosas que hacemos bien. Es más fácil encontrar cualidades en otras personas, que en ti mismo. La sociedad lo ve como orgullo. Pero no. Sácate eso de la cabeza. En su justa medida, la valoración de nosotros mismos es necesaria. No llegar al extremo de pensar ‘’Soy divina’’ pero tampoco en el masoquismo de pensar ‘’Soy basura”.

  • Aceptate tal y como eres.

    Dios te dio un cuerpo con el que podrás estar conforme o no, pero será tuyo mientras vivas, así que amalo y cuídalo. Se feliz en tu propia piel y ríete de tus defectos.

  • Se agradecida.

    Cuando eres una persona agradecida, siempre te vas enfocar en lo bueno y no en lo malo. En lo que eres, en lo que tienes, y no en lo que te hace falta o te gustaría tener.

  • Aprende a recibir elogios.

    No intentes convertirte en la persona más humilde y modesta del mundo. Cuando alguien te diga algo positivo sobre tu persona, sobre tu físico, sobre tus labores en casa, en el trabajo, di: ”gracias, bien recibidas tus palabras”.

  • Aprende a reconocer tus fortalezas, para que saques provecho de ellas.

    Las debilidades no son lo único que tenemos. Identifica aquellas cosas en las que eres bueno(a), con las que te ves bien, y aprovéchalas. ¡Tienes un montón! Saca partido de ellas.

Si crees tener la capacidad de amar a los demás, deberías tener la capacidad de amarte. La calidad del amor que brindes dependerá de cuánto te ames. El amor y el respeto comienzan por ti.

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