Desorden de vida: Cuando todo es un caos.

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El desorden en el entorno que nos rodea, es una clara señal de que algo no anda bien en nuestra vida.

Cuando mi habitación está desordenada, me paro a pensar: ”¿qué está pasando conmigo?” Porque la realidad es que me encanta el orden. Soy fan número uno de la organización. Los que me conocen bien, lo saben. Por eso, cuando pasan los días y toda mi habitación parece una escena de Apocalypse Now, me estoy (inconscientemente) enviando un mensaje a mi misma de que las cosas no están bien. Y créeme, cuando evalúo mi vida, termino dándome cuenta de que es así.

Tomo consciencia de mi misma y puedo ver decisiones apresuradas, estrés, malgasto de dinero, descuido de responsabilidades… Todo eso reflejado en mi habitación, con las cosas tiradas y mi cama pareciendo un huevo revuelto.

Claro. Mi habitación no es la única en hacérmelo entender. Una vida en desorden tiene otras consecuencias que hay que pagar. Es solo que una persona en paz consigo misma y que de verdad tiene organización personal, muy probablemente va ser más ordenada con sus cosas. Lo que, en resumen, significa que nuestro desorden externo es un reflejo de nuestro desorden interno. Algo por lo que todos, en algún momento, hemos pasado, cuando nos parece que no controlamos absolutamente nada y todo va de mal en peor. A menos que seas un desordenado por excelencia (ese ya es un caso aparte)

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Y después ¿qué hago?

Cuando soy confrontada por mi propio desorden y puedo ver agrupados todos los errores que estoy cometiendo en el momento, comienzo con lo más importante: la oración.

Mi desorden externo es un reflejo de mi desorden interno, pero mi desorden interno es el resultado de haber abandonado la costumbre de orar, de leer la Biblia y/o pasar tiempo con Dios. Cuando descuido mi relación con Dios, termino descuidando todas las demás áreas de mi vida. Entonces, hay que atacar el problema desde la raíz. ¿Qué produjo todo el caos? Haberle dado la espalda a Dios. Aunque en tu caso, puede que lo produzca otra cosa, como no saber decir no y entonces que todo se te acumule, o perder la motivación.

Mientras algunos buscan la paz y otros tantos intentan fabricarla, la Biblia dice que podemos recibirla si nos limitamos a pasar tiempo en oración. Por lo tanto, aquí es donde empezamos en nuestra búsqueda para restaurar nuestras vidas, porque esto es lo más importante. En un mundo de constante conexión, hay que desconectar para restablecer la conexión más importante: nuestra relación con Dios.

Así que, antes de intentar arreglar todo lo externo, empiezo haciéndole un ajuste a mi vida espiritual y emocional, llevando mis cargas, mis problemas, mis preocupaciones y malas decisiones a Dios. Derramando mi espíritu, mi alma y diez tanques de lagrimas en Su presencia, a fin de recibir Su perdón, Su paz y entonces comenzar de cero. Todo por querer hacer las cosas a mi manera.

¡Manos a la obra!

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Jesús fue intencional. Él tenía un propósito. Nosotros también debemos tenerlo. Por eso es que luego me organizo, es decir, paso a trabajar en lo más obvio: mi habitación. Pongo en orden todo lo que parezca estar fuera de lugar, hago una limpieza masiva y saco todo aquello que solo ocupa espacio. Eso me dará tranquilidad, claridad y valor para enfrentar lo demás.

Orden al desorden

Cuando llega el momento de remediar el error y limpiar el desastre de situaciones y decisiones equívocas, hago una lista donde puedo visualizar todo lo que está en mal estado en mi vida y aquellas cosas que NO estoy haciendo bien. Organizo prioridades, descarto actividades que distraen, me detengo a pensar en las personas, en los pasos mal dados, en palabras mal dichas y el descuido de asuntos importantes. Y comienzo a actuar.

Si me he descuidado con el Ministerio de Alabanza de mi iglesia, pido disculpas públicamente y hago lo que tenga que hacer. Si no he prestado la debida atención y cantidad de tiempo a mis estudios, me pongo al día. Y así con todo lo demás, hasta lograr el tan deseado equilibrio que estoy buscando.

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Toda mi experiencia con el desorden puede ayudarte a entender lo importante que es cuidarnos de esto. Porque, ok, no es que no pase, pero deberíamos procurar que no pase. ¿Me doy a entender? Hasta cierto punto, hay algunas cosas que son inevitables y están fuera de nuestro control. Pero si somos honestos, realmente honestos con nosotros mismos, hay mucho en nuestras manos que podemos controlar.

Cuando nos detenemos un momento y analizamos el por que y cómo hacemos las cosas cada día, podemos eliminar ciertas cosas que hacemos que sabemos que no están bien. Organizarse requiere que dejes de hacer las cosas que causan desorden en tu vida, haciéndote perder mucho tiempo y provocando que te conviertas en la persona que no quieres ser.

Adapta estos principios a tu vida. Cámbialos si algo te funciona mejor. Satanás se pone feliz cuando estamos abrumados y con exceso de estrés. Quiero ver vidas restauradas para que Dios pueda ser glorificado.

Desconectate del ruido. Restaura tu vida. Pon en orden las cosas. ¡Puedes hacerlo!

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