¿Cobrar o no cobrar?

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El tema es polémico.

Minutos antes de compartir con ustedes esta publicación, decidí hacer una pequeña encuesta en mi Facebook como anticipo del tema, haciendo la siguiente pregunta: ¿Qué opinas de los predicadores y cantantes cristianos que no van a tu iglesia o actividad si no les garantizas que les darás una cantidad ”x” de dinero? Como era de esperarse, recibí todo tipo de comentarios. Buscaba saber lo que otros pensaban al respecto, algo que, de alguna forma, alimenta mi propia opinión.

”Vender nuestros dones o talentos es igual a prostituir por un poco de dinero, algo que no se puede comprar. Sino que humildemente, recibamos la ofrenda que dispongan entregarnos, confiando en que Dios es nuestro proveedor” – Marjorie Gonzalez

”Si no tienen para el pasaje, necesitan esos chelitos adelantados para poder llegar” – Riqui Gell

”Pienso que deben moverse por ofrendas, pero al parecer hay muchos que a medida que Dios los levanta así elevan su cotización” – Joan Castellanos

”¡Que se conviertan!” – Lizzy Parra

”Que no recuerdan de dónde Dios los sacó. Y a veces la ofrenda que reciben ni diezman con ella. ¡Volver al diseño original! Jesús nació en un pesebre demostrando que el rey reconocido sabe que las alturas son los pies de Cristo. Conclusión: la Palabra de Dios es gratis, no se negocia ” – Ruth Ester Ceballos

”No esta mal, porque cada trabajador es digno de su salario y ellos trabajan en la obra del Señor” – Fanny Ortega

Entender los conceptos de cobrar o no cobrar es importante si alguien desea desarrollar una filosofía de servicio acorde a los principios de la Escritura y la ética cristiana de trabajo. Quienes están en contra de esta práctica juzgan de mercaderes a quienes lo hacen; mientras que los que están a favor justifican su actuar. ¿Quién entonces tiene la razón? ¿Lo sabe usted?

He tenido experiencias directas con el tema del pago a cantantes, ya sea porque he conversado con quienes han traído a unos pocos o he tratado el tema directamente con quienes reciben dicho pago. De hecho, también sufrí las consecuencias por las cosas importantes que pasaron por alto muchas de las iglesias que me invitaban a cantar. Así que, en este sentido, dichas experiencias me dan la oportunidad de abordar este tema que despierta tantas opiniones.

No estoy en contra de que los cantantes, músicos y predicadores cristianos reciban una remuneración por lo que hacen. En realidad, en el pasado, grupos de personas y un sinnúmero de congregaciones invitaban a los cantantes y músicos cristianos y pasaban por alto todos los importantes detalles que se deben tomar en cuenta. Su tacañeria e insensibilidad llevó a que los ministerios pusieran sus respectivas tarifas a fin de poder satisfacer sus necesidades y procurar su propio bienestar, para evitar que las iglesias abusaran de ellos (¡y eso no está mal!).

Ahora bien, en esta parte hay dos puntos. El primer punto: la inmensa cantidad de dinero que solicitan. Aquí entiendo que el problema no radica solo en el poner la tarifa o cobrar, sino en cuál es la tarifa. Exigen un pago inamovible como condicionante a sus servicios; un monto que para muchos resulta inalcanzable pagar. 

Y esto es lo que nos lleva inmediatamente al punto dos: la poca o ninguna flexibilidad. Muchos de los músicos o cantores no asisten a una actividad o iglesia si no se les paga el monto que han impuesto. Y como resultado, nos hacemos la pregunta: ¿cuál es, entonces, la verdadera motivación que se esconde detrás de lo que hacen? La actitud de negarse a servir al pueblo de Dios si no reciben dinero es lo que pone en duda todo el asunto. ¿Lo veo bien? Para nada. Están condicionando su ministerio y poniéndole precio al llamado que Dios les hizo a servir. 

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En mi opinión, hay mejores formas de conversar sobre los honorarios del cantante o predicador cuando se le invita. A mi, personalmente, me basta con saber que puedo llegar al lugar y regresar a casa. Es lo que siempre procuro que tomen en cuenta quienes me invitan a cantar o predicar. Lo demás no me importa mucho. No solicito ninguna cantidad de dinero en especifico, les pido que consideren por lo menos el transporte. No tengo vehículo y cuento con pocas personas que puedan facilitarme uno. No me están dando dinero, están velando por mi seguridad, o al menos yo procuro que velen por ella. Es decir, para mi es suficiente saber que puedo llegar segura al lugar y regresar a casa, ya sea que yo me las ingenie o ellos decidan resolver.

El punto no es exigir, sino llegar a un acuerdo aceptable para ambas partes.

Puedes o no estar de acuerdo conmigo. Lo respeto y lo entiendo. De todas formas, lo que haré es animarte a que veas esto como el comienzo de una conversación más amplia que podrías desarrollar con tus hermanos en Cristo, líderes y pastores o ministros que sirven en la música o la predicación.

jjj

 

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