¿Imitadores del mundo?

A principios del año participé como presentadora/conductora en la entrega de medallas a los nominados a los premios El Galardón, el mayor reconocimiento al arte y la comunicación cristiana en la República Dominicana. Al momento de subir al escenario, fui acompañada de un talentoso locutor de la emisora Pura Vida, junto a quién llevé a cabo la entrega de medallas de las categorías que nos correspondían.

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Para ese momento, los presentes se encontraban muy distraídos. Más de la mitad de las sillas estaban vacías (porque la mayoría estaba de pie), y se escuchaba el ruido de las conversaciones en el fondo; todo eso mientras dábamos algunas informaciones y presentábamos a los últimos nominados. Eso nos incomodó.

Nadie nos estaba prestando atención, y eso nos hizo sentir que todo lo que estábamos haciendo, lo estábamos haciendo en vano. La indiferencia del publico es algo con lo que todo maestro de ceremonias y/o presentador debe saber lidiar. Pero, por alguna razón, tiempo después comencé a pensar que esa indiferencia se debía a algo más que simplemente cansancio o pereza.

La realidad es que, por no decir todos, muchos de los cristianos evangélicos asumen que con estas premiaciones estamos imitando al mundo; imitando a las personas que no le sirven a Dios, y que durante años e incluso décadas han llevado a cabo las premiaciones del Oscar, el Casandra, los Emmy y el Globo de Oro (entre otros, alrededor del mundo). Lo que significa que no todos están de acuerdo. Para muchos estas premiaciones motivan a la rivalidad. Y se comparten comentarios como ‘’La gloria es de Dios, no de los hombres’’, o ‘’Esto no está bien. Dios es quién recompensa el trabajo’’.

Puedo estar equivocada, pero pienso que eso es justo lo que él esta haciendo. Dios recompensa la fidelidad de quienes se han entregado a él por completo, y han puesto a Su disposición todos los talentos que él mismo les dio. Mateo 6:6 dice ‘’Mas tú, cuando ores, entra en tu habitación, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te pagará en público’’ Y esta puede ser considerada una forma de pago, por la búsqueda constante y sincera de quienes le sirven en la intimidad (aunque nadie sepa en realidad como es su vida devocional)

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Aunque parezca una mera imitación del resto de premiaciones ‘’mundanas’’, no lo es. No si nuestro fin es recompensar a estos hombres y mujeres que con tanto esfuerzo ofrecen sus talentos y conocimientos a favor de esta generación, a fin de glorificar el nombre de Dios. Y si así fuese, ¿qué? Josué Barrios dijo una vez: ”Es más sabio aquel que imita lo bueno de la gente, que aquel que trata de ser original y crecer sin apreciar la experiencia y el conocimiento que ya tiene alguien más. Es sabio imitar lo digno de imitar”

De todas formas, me atrevo a decir que podemos ser mucho más que una simple imitación. Tenemos a Dios de nuestro lado. ¿Por qué si ellos pueden, nosotros no? Si son capaces de llevar a cabo un evento de tal magnitud, con tanta calidad y sin el apoyo directo de Dios y su Espiritu Santo, ¿cuánto más nosotros pudiéramos hacer?

Deberíamos ser quienes les enseñe al mundo cómo se debe dar un reconocimiento. Deberíamos ser el ejemplo. Deberíamos ser los mejores en nuestras áreas, en nuestros trabajos, en nuestras universidades. Deberíamos dejar de menospreciarnos a nosotros mismos y todo aquello que Dios depositó en nosotros. Deberíamos dejar de escondernos, y permitir que el nombre de Dios sea puesto en alto en absolutamente todas nuestras actividades, incluso de la vida cotidiana. Pero no. Es más fácil criticar.

Nuestra intención no debe ser que nuestro nombre se haga famoso, sino que el nombre de Jesús sea quien reciba la fama. Que sea popular en los hogares, en las escuelas y en los corazones de quienes le han dado la espalda. Cuando él estaba en la Tierra, nada de lo que hacía pasaba desapercibido delante de los hombres. Y pienso que el trabajo que realizan estos hombres y mujeres no pasa desapercibido delante de Dios.

Quiero creer que estas asociaciones están comprometidos con el impulso de la música cristiana y el bienestar ocupacional de sus creadores y sus respectivos ministerios; reconocen el esfuerzo de profesionales del arte y comunicación cristiana y esto, personalmente, es lo que defiendo.

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La calidad de lo que hacemos habla por nosotros. Si todo lo que hacemos, ‘’lo hacemos como para Dios’’, terminaremos realizando un trabajo magnifico, aunque no necesariamente perfecto. Por eso pienso que no somos imitadores. Al menos, no debiéramos serlo. Somos mucho más que eso. Y debe reflejarse en estos eventos de premiación, cuya intención no es enaltecer a quienes hacen el trabajo, sino al Dios que está detrás de todo eso. El es la mente maestra, los reconocidos en la Tierra son solo representantes. No estamos solo reconociendo a la persona. Estamos reconociendo la obra de Dios a través de la vida de esa persona, que es la razón por la cual está donde está.

Si no perdemos el enfoque, todo estará bien.

‘’Y todo lo que hagan o digan, háganlo como representantes del Señor Jesús y den gracias a Dios Padre por medio de él.” Colosenses 3:17

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