Palabras y acciones: ¿decir o hacer?

”¿Cual es tu lema personal para liderar a tu equipo?”

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Esta fue la pregunta que le hizo Nelson Mandela al capitán del equipo que jugaba rugby y pertenecía a su país. El equipo llevaba como nombre Springboks en la película  Invictus.

A la pregunta, el capitán responde: ”Mi lema personal es “predica con el ejemplo”. Y es justo así como logro dirigir a mi equipo, predicándole con mis acciones”

Llamaron mi atención estas palabras. He podido observar a grandes líderes realizar elocuentes predicas que, en realidad, tienen una medida que a ellos mismos les queda grande. Muchos exigen que los demás  realicen cosas que ellos no están dispuestos a hacer. El carácter de un líder frente a sus seguidores debe ser dar el ejemplo y no solo hablar.

En un mundo de tanta hipocresía, la iglesia de Cristo debe marcar la diferencia. Como iglesia tenemos el compromiso de diferenciarnos en nuestra manera de actuar frente a los demás. Tenemos el deber de guardar la relación entre lo que decimos con lo que hacemos.

Muchos lideres y dirigentes políticos son rápidos en hablar, pero cuando echamos un vistazo mas cerca,  vemos que lo que dicen no guarda relación con lo que hacen. Ademas de esto, basan su discurso  en promesas que a lo largo de su gestión no cumplen. A menudo encontramos que las autoridades que deberían ser los primeros en mantener una vida ejemplar son quienes mantienen actitudes reprochables. Este no es un patrón a imitar. Debemos convertir nuestras palabras en hechos.

Las palabras son importantes, pero a veces, frente a las acciones, estas quedan cortas. Por eso mi exhortación es clara. Como líderes, debemos vivir vidas transparentes, ser libros abiertos. No pretender ni engañar a Dios porque el resultado es totalmente negativo. Cuando tomamos la decisión de vivir íntegramente frente a Dios y frente a los hombres, esto hará de nosotros lumbreras frente a este mundo. La santidad y la obediencia en nuestra conducta provocan que las bendiciones  lleguen a nuestras vidas y a los nuestros.

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Las emociones del líder deben estar sometida a sus convicciones.

Cuando aprendes a someter tus emociones por debajo de tus convicciones entonces has adquirido carácter.

Un líder no debe conducir su vida a través de sus emociones sino mediante el conocimiento de la palabra de Dios. Algunos se auxilian en su estado emocional para aceptar o rechazar algo en sus vidas. Pero las emociones no son constantes sino variantes. Estas pueden traicionar al hombre más sabio. No debemos bajo ninguna circunstancia, tomar decisiones basadas en ellas.

El carácter de un líder debe estar sometido a Cristo y a Su palabra. Ella misma expresa que “somos luz en medio de tinieblas”. ¿Nuestras acciones están iluminando? ¿Nuestras vidas son de ejemplo a nuestras familias y amigos? Cristo vino para servir, no para ser servido. Cristo dio su vida en rescate por muchos. Cristo no caminó fuera de la voluntad  de Dios. Cristo no devolvió mal por mal sino más bien lo contrario. Cristo es el modelo principal para quien desea ser ejemplo frente a los demás.

“Ser líder no es acerca de títulos, puestos u organigramas. Es acerca de la capacidad de una persona de influenciar a otra”, afirma John C. Maxwell

Si el ejemplo es la única manera de enseñar, entonces es esencial que determines primero qué es lo que quieres enseñarle a tu gente y después te des a la tarea de modelarlo, lo cual implica ser un modelo a seguir.

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