En primer lugar…

Dicho en términos sencillos, creo que Mateo 6:33 enseña que “lo más importante es poner primero lo primero”. En realidad, y aunque solemos descuidarnos con esto, es importante mantener en correctas posiciones nuestras prioridades. Nuestra sociedad no nos está enseñando esto. Todos prestan atención a las posesiones, el éxito y/o el estatus social, sin importar qué o cuándo. Pero debemos recordar que estas cosas no son más importantes que Dios. De hecho, ninguna cosa lo es.

¿Qué acaso se nos olvida que Él solo desea lo mejor para nosotros? Por supuesto que él quiere que disfrutemos de cosas buenas, pero demanda el primer lugar en nuestra vida. Buscar el Reino de Dios y su manera de ser y hacer, antes que ninguna otra cosa.

El término ‘’buscar’’ es una palabra de peso. Significa “perseguir”, “ansiar” y “hacer lo necesario para conseguir algo”. Cuando buscamos algo, pensamos frecuentemente en ello; hablamos al respecto y estamos dispuestos a pagar un precio para tenerlo. El problema es que muchos están en búsqueda de lo que Dios ofrece, no de quién Dios es. ¡Y esto no está bien! Debemos hacernos el hábito de buscar el rostro de Dios y no su mano. Buscar su presencia, no sus presentes. Buscar a Dios por quién es y no buscarlo por lo que puede hacer por nosotros. 

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Dios se complace inmensamente cuando pasamos tiempo con Él, sencillamente porque lo amamos. Él también se complace cuando lo adoramos y alabamos precisamente por lo que Él es. Y a todos nos gusta ser celebrados por lo que somos, no por lo que hacemos. No quiero amigos que estén interesados solo en lo que puedo hacer por ellos; quiero que se interesen en quien soy y que les guste estar conmigo por mí. Estoy segura de que te sucede lo mismo, y es justamente lo que sucede con Dios.

number-39114_960_720.pngCuando ponemos a Dios en primer lugar, lo mantenemos allí y buscamos hacer las cosas a su manera. Estamos mostrando que nos deleitamos en Él. Entonces, Él concede los deseos de nuestro corazón (Salmo 37:4). Pero ¿Qué pasa cuando permitimos que estos deseos concedidos se conviertan en nuestra prioridad? ¿Qué pasa cuando dejamos que el trabajo que Dios nos permitió tener, ocupe el tiempo que debiéramos pasar en intimidad con Él?

Es cierto. Está claro que existen muchas cosas que requieren nuestra atención: nuestros trabajos, nuestros estudios, nuestras parejas, nuestros pasatiempos – sin contar las demandas y distracciones de la vida – No se trata de descuidar las responsabilidades que forman parte de nuestro diario vivir. Se trata de cuidarnos para evitar que estas cosas tengan mayor prioridad que nuestra relación con Dios. No podemos permitir que se vuelvan más importantes que Él, bajo ninguna circunstancia.  Lo que sea que esté en primer lugar, si no es sólo Cristo, está en el lugar equivocado y hay que sacarlo de ahí.

El primero de los diez mandamientos dice: ‘’No tengas otros dioses además de mí’’ (Éxodo 20:3). Y Deuteronomio 5:8-9 dice: “No hagas ningún ídolo ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso.”

Aun así ¿cuántas cosas de las que ocupan nuestro tiempo, dinero, pasatiempos y atención han tomado el lugar que le pertenece a Dios? Cualquier cosa se puede convertir en un dios para nosotros y esto es lo que debemos evitar. Debemos organizar nuestras prioridades y recordar que Dios demanda nuestra atención y nuestro tiempo. El desea compartir con nosotros de su persona. ¿Estamos demasiado ocupados para eso?

prioridades.pngPoner a Dios en primer lugar, pondrá en orden todo lo demás. Nuestra mirada debe estar puesta en Él. Lo que tenemos, se lo debemos a Él y le pertenece a Él. Si no me crees, recuerda lo que le sucedió a Job. Dios permitió que se le fuesen arrebatadas todas sus posesiones. Sin embargo, esto no provocó un cambio en el corazón de Job.

Job 1:20-22 ‘’Entonces Job se levantó rasgó su manto se rasuró la cabeza, y postrándose en la tierra, adoró y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; sea bendito el nombre del Señor’’.

Nuestros talentos, nuestras posesiones materiales, nuestros trabajos, nuestras familias, todo lo que tenemos, todo lo que somos, se lo debemos a Dios. ¿Cómo a atrevernos a darle la espalda? ¿Qué tan malagradecidos podemos llegar a ser? ¿Seguiríamos el ejemplo de Job, de ser fieles a Dios incluso por encima de la escasez y la tribulación? Reflexionemos en esto.

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