Carta al equipo de alabanza – Parte II

Hace poco tiempo compartí la primera parte de la carta dirigida al ministerio musical de la iglesia (o Ministerio de Alabanza). Decidí dividir el tema para evitar que la publicación resulte muy extensa en un solo escrito, y para darme la oportunidad de ”amarrar” todos los detalles a fin de que no se me escape nada. Puedes leer la primera parte aquí, y así mantener la secuencia. Ayudará a que el tema no pierda su sentido.

No somos indispensables

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Si estamos frente a un proyecto, una empresa, una iglesia, una comunidad, un comité, una familia, etc, es muy probable que hayamos tenido en algún momento este tipo de convicción; asumir que sin nosotros aquello no saldría adelante y/o no prosperaría.

El gran problema con este pensamiento es que, ser indispensables implicaría que la gente (o el lugar) depende de nosotros. Y como Ministerio de Alabanza estaríamos en tremendo error si llegáramos a pensar que somos indispensables en la iglesia, porque, lo creamos o no, estaríamos asumiendo instantáneamente que Dios depende de nosotros. ¡Y nada más lejos de la verdad!

El servicio al Señor no necesita obligatoriamente de instrumentos musicales. Aunque se reconoce el valor de los instrumentos en la Biblia (Salmos 150:4), tenemos la costumbre de pensar que la parte musical es la mas importante de todas, y que nada seria lo mismo si no se sacara ese tiempo para cantar y tocar los instrumentos. Y este es un completo error.

Dios se mueve en medio de la alabanza de su pueblo, haya o no haya un piano en el fondo (Salmos 22:3) Incluso, he podido experimentar el regalo de la presencia de Dios en medio de retiros de oración (solo oración y más nada) y otros tipos de encuentro. Lo que me dice que un servicio a Dios solo con lectura de la palabra u oración, puede ser igual de maravilloso que un servicio en el que estén involucrados los instrumentos musicales (y a veces, incluso mejor)

¡Cuidado con la vanagloria!

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Si somos honestos, me atrevería a pedir que tire la primera piedra aquel cantante o músico cristiano que, siendo de gran bendición a las personas con su ministerio, nunca, jamás, ni por un instante en su vida le ha picado el gusanillo de la vanidad, la autosuficiencia o el orgullo al ver lo bien que le salen las cosas. Nadie la arrojará. A todos nos ha pasado. La clave está en cómo reaccionamos a esto y cuál es la actitud que tomamos si pasa por nuestra cabeza algún pensamiento de esa índole. Debemos inmediatamente desechar cualquier tipo de actitud que sabemos que desagrada a Dios y poner los pies sobre la tierra, recordando que todo lo que hacemos se lo debemos a Dios y que sola y exclusivamente a Él pertenece la gloria por lo bueno que podamos hacer.

Si algo he aprendido con respecto a esto, es que, en realidad, no soy nadie. Me explico. De no ser por la gracia de Dios y su obra en mi vida, no tendría lo que tengo, ni haría lo que hago. Nada de lo que hago, lo hago bien ‘’porque soy buena’’. Y tú tampoco. No somos más que simples vasos usados por Dios. Y El es quien nos hace resplandecer en medio de la multitud. 

Si no lo crees, ponte a pensar. Personas que cantan hermoso y que tocan increíblemente bien sus instrumentos, hay muchas. Miles, tal vez. Entonces, ¿por qué muchos hemos llegado tan lejos? ¿qué nos hace diferentes? ¿Qué es lo que nos hace destacar? Pues Él. Todo se resume en El.

Recuérdelo, ministro. Dios resiste a los que se enaltecen, y habita con los de humilde corazón. Si usted no tiene su cabeza asegurada en su cuerpo y los pies firmes en la tierra, se está preparando para una gran caída. Uno trae lo mejor para ofrecerle al Señor, y El se agrada de nuestros esfuerzos. Pero si vestimos y actuamos como si fuéramos a aparecer en “Domingo Espectacular”, Dios nos llevará a un “Lunes de Humillación”

Nuestra dirección

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Si hemos decidido ofrendar nuestro talento a Dios, es a Él a quien debe estar dirigida nuestra alabanza. Nuestros ojos deben estar puestos en Él, buscando que, lo que hagamos, toque Su corazón. Esto nos llevará a provocar el ambiente correcto. Es decir, el Ministerio de Alabanza debe concentrarse en proveer una atmósfera que conduzca a la adoración e ir en la dirección correcta será lo que lo impulse. Debemos en oración mantenernos lejos de una falsa adoración, como la adoración del ”yo mismo”, una adoración vacía, o una adoración para mostrar un espectáculo y cosas similares, porque solo serán estorbo.

Para lograr proveer la atmósfera correcta debemos atribuirle a Dios su valor (I Crónicas 16:27-29; 2 Reyes 17:36). Es decir, la alabanza y la adoración no se tratan de nosotros, se tratan de Dios. No se trata de lo que nos complace a nosotros, lo que nos gusta, o incluso con lo que nos sentimos cómodos. A pesar de cualquier preferencia personal, la adoración se trata de lo que complace a Dios. Adorar es una respuesta de humillación, gratitud y gozo por Su grandeza.

Para lograr proveer la atmósfera correcta debemos procurar que la gente vea a Dios. Obviamente (y lastima por quien pensó así) no estoy hablando en términos literales. Un estudio de “adoración” a través de la biblia te confrontara con una verdad poderosa. Alabanza y adoración sucede como respuesta a quien es Dios, no a quienes somos nosotros. Por lo tanto la verdadera adoración pone en primer lugar a Dios. La gente no tiene que verte para que la adoración florezca, ellos necesitan ver a Dios.

No se desanimen

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Todo músico o cantante (y creo que sin importar si le sirve a Dios o no) ha vivido momentos incómodos con relación al publico y su indiferencia. Es decir, yo personalmente he podido darme cuenta de la ”frialdad” con la que a veces el publico recibe lo que hacemos. Eso nos hace sentir que estamos cantando y/o tocando en vano. ¡Pero no es así! Hay que recordar que somos el puente entre la congregación y Dios. Podemos ayudar a la gente a adorar, pero no podemos hacer que adoren (que no es lo mismo)

Nuestro enfoque debe mantenerse. Aunque buscamos que el pueblo se deleite, nuestro fin no es únicamente ese. No tocamos ni cantamos para ellos, tocamos y cantamos para Dios. La alabanza y la adoración es cuestión de abrir el corazón, de dejar que el Espiritu Santo obre incluso a pesar de no estar sintiendo nada. La alabanza no es emocionalismo, aunque el emocionalismo se vista de alabanza. Y no podemos obligar al pueblo a entender estas cosas.

Tiempo atrás, la adoración incluía el sacrificio de animales, reuniones que duraban días, muchas veces bajo el calor del sol ardiente del medio oriente. ”Adoración” connotaba mucho mas que asistir a un auditorio cómodo los domingos en la mañana. No estoy diciendo con eso que debemos hacerlo mas difícil, sino resaltar que adoración es un acto intencional con un propósito, no es un accidente y no es algo que llene nuestra agenda de cosas espirituales por hacer.

El propósito de la música dentro del ámbito cristiano es primordialmente alabar a Dios; es un medio para expresar nuestro sentir hacia Dios, a través del canto y nuestros instrumentos. Mi objetivo con este tema es proveer algunas observaciones que nos ayuden a corregir mal entendidos. Más adelante será compartida la última parte.

5 comentarios en “Carta al equipo de alabanza – Parte II

  1. Totalmente de acuerdo acepto y entiendo el punto de vista que todos los que pertenecemos o dirigimos a un ministerio o un grupo de alabanza debemos asumir para que no perdamos el enfoque de lo que hacemos y lo que somos para Dios ! ….
    Me gustaria que me mandara cada uno de los blog que desarrolla usted a mi correo personal para difundirlo de veras que me han marcado a Dios la gloria ha , bendiciones para ti amiga y hermano ammi alba !

    Le gusta a 1 persona

    • ¡Hola, Will!

      Eres muy amable. Gracias por haber dejado tu comentario. Si te fijas, debajo de las categorías hay una opción en la que puedes escribir tu correo e instantáneamente subscribirte al blog. Recibirás notificaciones de las nuevas entradas cada vez que sean compartidas. ¡Me alegra saber que cuento con tu apoyo!

      Abrazos.

      Me gusta

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