Por qué nunca terminas lo que empiezas.

En estos días, donde circulan listas de objetivos y deseos para este año, se me ha ocurrido escribir sobre el arte de no terminar las cosas, algo en lo que muchos de nosotros tenemos cierta experiencia. Comenzar algo, lo que sea, e irlo dejando en el proceso.

Por ejemplo, si eres como yo, eres de las que compran materiales distintos y las herramientas necesarias para hacer un proyecto que, a simple vista, parece divertido. Pero luego te pones diez minutos, pasa una mosca a tu lado y lo dejas. Puede que parezca gracioso, cuando se trata de materiales crafties y hobbies, pero en otros casos, la cosa se pone más seria.

Cuando tienes un proyecto profesional que depende solo y únicamente de ti y en el que nadie te exige nada, necesitas un nivel de responsabilidad y compromiso más grande. Necesitas obtener resultados, lo que significa terminar cosas, entregar cosas, cerrar cosas y cumplir con lo que tienes que cumplir, incluso sin alguien presionándote constantemente.

La verdad es que tengo un serio problema con eso de dejar las cosas por mitad. Incluso, me da hasta lástima y vergüenza decirlo, pero hice publicaciones de ‘’primera parte’’ aquí en el blog, que nunca llegaron a segunda base. Es decir, se suponía que debía continuarlas, pero no lo hice. Y no solo me sucede en el blog. He pasado por momentos en los que tengo mil ideas, las veo clarísimas y me gustan, pero en cuanto empiezo a darles forma, dejo de verlo todo tan claro y me surgen un sinfín de dudas y miedos. Nunca nada es tan perfecto ni tan fácil como imaginaba y al menor contratiempo, empiezo a posponer.

Así que, como experta en el arte de no terminar lo que empiezo y sentirme fatal por ello, creo que hay 4 razones (quizás más, ya me lo dirán ustedes en los comentarios) por las que nos sucede esto.

 

Cuando soy demasiado perfeccionista.

Cuando me enfrento a un proyecto que me interesa y me motiva lo suficiente, un proyecto que quiero hacer bien a toda costa, existen posibilidades de que lo vaya posponiendo hasta el infinito, especialmente si solo depende de mi. ¿El motivo? La auto-exigencia suprema.

En otros casos, la misma auto-exigencia hace que a veces, en vez de posponerlo indefinidamente, me ponga a trabajar tanto que me pase mil años retocando y retocando y dándole vueltas para que se vea tan perfecto como se supone que quiero que se vea (en mi mente loca). El problema es que, está más claro que el agua que nada es perfecto, ni lo será jamás, no importa cuanto te empecines. Hay que aprender a conformarse con lo mejor, no con lo perfecto.

 

Cuando el hecho de terminarlo, me va a llevar a otro proceso que no parece tan divertido.

Pongamos el ejemplo de que quiero escribir un libro (es un decir). Terminarlo y publicarlo, significará tener que enfrentarme a cosas como entrevistas, conferencias, charlas con los lectores. Y como consecuencia, nunca termino el dichoso libro. No por el libro en sí, sino por lo que viene después, que me da pereza. Terminar un libro es solo la primera parte. Después de ahi,  hay que negociar con editoriales y firmar contratos. Tendría que meterme en berenjenales que no son tan divertidas una vez te sumerges en ellas. Son demasiadas diligencias, con demasiadas responsabilidades, demasiada presión, que con el simple hecho de imaginarlo, me mareo. Y eso provoca que me de pereza terminarlo.

 

Cuando se me va la emoción en el proceso.

Eso me pasa seguido… muy seguido. Siempre me emociono al principio y a medida que pasan los días, le empiezo a ver los fallos, comienzo a aburrirme y entonces, finalmente, deja de gustarme y lo abandono. En estos casos no es cuestión de falta de persistencia, es simplemente que tengo una baja tolerancia al aburrimiento y una incapacidad total para hacer cosas que no me emocionan.

Entiendo que a veces hay que insistir y focalizar, pero otras veces sencillamente no estoy dispuesta a persistir en algo que no me apetece. Me he dado cuenta de que sólo no había encontrado cosas lo suficientemente interesantes para mí o que me permitieran un margen de acción o variedad. Así que supongo que se trata de encontrar aquello que conserva la emoción día tras día. Y eso sólo se logra probando diferentes cosas que pierdan la emoción.

 

Cuando no quiero acabar porque tengo miedo de lo que piensen los demás.

El miedo a la crítica, el miedo al rechazo, el miedo al fracaso… Ya sabemos lo difícil que puede ser poner algo a la venta y que no lo compre nadie o escribir algo y que a la gente le parezca un asco o solo escuchar el apoyo de los grillos. Ponernos a pensar en eso, hace que nos paralicemos y nos quedemos en el anonimato. Preferimos no terminarlo, antes que someternos a juicio. Es normal, no es agradable para nadie, pero obviamente esto no debería detenernos.

Es decir, tu obra, sin importar lo personal que sea, no eres tú. Todo eso que ofrezcas irá evolucionando y tus proyectos serán unos mejores y unos peores, unos más redondos y algunos más ligeros, a unos les tendrás más cariño y otros los odiarás. Pero no son tú. Que a alguien no le interese o no aprecie lo que haces no significa que te esté rechazando a tiIntenta libertarte del peso del juicio ajeno.

Tal vez te hayas identificado con estas cuatro razones, o tal vez no. Pero son un inicio para identificar nuestra mala costumbre a la hora de dejar a medias todo lo que comenzamos. Y nada mejor que reconocer tus debilidades e ir por ellas para solucionar lo que tantos problemas te ha causado. Tener miedo es de humanos, pero debemos evitar que nos paralice. Esperamos que este año podamos cumplir a cabalidad con todo lo que nos propusimos, al menos, dentro de lo que el presupuesto, el tiempo y el esfuerzo alcance.

Un comentario en “Por qué nunca terminas lo que empiezas.

  1. Identificado! Lo más fuerte es que estos puntos (muy acertados) atacan al mismo tiempo nuestros pensamientos, posiblemente en diferentes escalas.

    Cuántas cosas me vinieron a la mente…. jejeje

    Saludos.

    Le gusta a 1 persona

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