Carta al equipo de alabanza

 

Herramientas para el ministerio musical de la iglesia.

Semana a semana, nuestro enfoque es guiar a nuestra iglesia local en himnos de alabanza y en cánticos de gratitud y adoración.  Este artículo pretende ser una ayuda para encaminarnos hacia dicho objetivo. La primera parte de los puntos que comparto, básicos, efectivos y sólidos, que nacen con la visión y el ardiente deseo de equipar a los ministerios de alabanza para poder encaminarse en esta ardua, pero maravillosa labor.

Entendamos que cada ministerio de alabanza es único.

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Tenemos la mala costumbre (me incluyo) de visitar otras congregaciones y comparar los equipos de música, el sonido, las voces y los instrumentos, con los que tenemos en nuestra iglesia (aunque muchos, incluso, son capaces de llegar a la crítica). Prestamos mucha atención a los detalles, a cómo entonan, a si le falta la batería, etc. Y como esto es parte de lo que hacemos, no es que esté del todo mal observar estas cosas. Sin embargo, nuestro error está justamente en lo que mencioné al inicio: la comparación.

Debemos entender que cada ministerio de alabanza es diferente y único. Una iglesia fuerte (económicamente hablando) puede darse lujos que otra más modesta tal vez no podría. Tener buenos instrumentos en la iglesia (o no tenerlos) puede afectar el estilo y la calidad de la música. Sin embargo, no debería afectar la manera en cómo adoramos a Dios y ministramos a la congregación. Así que no pierdas el tiempo comparándote con otros ministerios, y enfocate en dar lo mejor de ti, con lo que Dios ha provisto en la iglesia en la que estás.

Seamos ministros de buen testimonio.

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Lo crean o no, los músicos y cantores somos como productos premium en vitrína para la congregación. Estamos completamente expuestos (parecidos a los hijos de pastores).

Al igual que el resto de los que han decidido seguir a Cristo, somos y debemos ser un buen ejemplo para quienes nos observan, en nuestra forma de vestir, de hablar y de comportarnos. Todo lo que hacemos o decimos, el estándar de calidad de nuestra función y nuestra actitud, esta encaminado a crear un ambiente de adoración y honra a Dios.

Nuestra vida debe reflejar a Cristo, estemos donde estemos, procurando la obediencia a Dios, la coherencia entre nuestra forma de vivir fuera y dentro del templo, y nuestra integridad, para entonces evitar llegar a ser ‘’hijos de Dios’’ solo cuando estamos frente al pastor.

Atendamos al llamado de la excelencia.

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Creo firmemente que, cuando hacemos algo para el Señor, debemos querer y buscar continuamente ser excelentes. No necesariamente perfeccionistas, pues este un extremo un tanto peligroso que nos puede llevar, incluso, al estrés y al afán (cómo sucedió con Marta) Lucas 10:38-42.

Debo decir que estoy en completo desacuerdo con la opinión popular que dice: ‘’No importa cómo lo hagas, lo importante es que es para Dios”. Este es un grave error. Dios no se conformó en el pasado con sacrificios mediocres, y no tiene por qué conformarse con ellos ahora. ¿O no recuerdas lo que sucedió con Cain? (Genesis 4:3-5) Aunque no lo especifique la Biblia, se entiende que su ofrenda fue mezquina, pobre y escasa, a comparación con la de Abel. Y es de esto de lo que debemos cuidarnos. No podemos entregar a Dios ”ofrenda mezquina, pobre y escasa”. El merece lo mejor de nosotros, y esto incluye lo mejor de lo que hagamos, cuando lo hagamos.

Si aún no has comprendido la importancia de la excelencia y la calidad en lo que hacemos, cuando lo hacemos para el Señor, te insto a que leas Malaquías 1:11-14.

Tomando en cuenta estas cosas, creo que es un deber de la iglesia en buena medida, proporcionar el conocimiento teórico-práctico de la música, a fin de lograr excelencia musical, no dejando de lado la parte ministerial y espiritual. Solo de está manera alcanzaremos la visión de un ministerio integral.

Mas que músicos, debemos ser adoradores.

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Hay tanto por hablar de la adoración. Recomiendo que busquen y lean un libro que se llama: “Generación de Adoradores” escrito por Lucas Leys, Danilo Montero y Emanuel Espinoza. Pero básicamente, el ministro de alabanza obligadamente debe tener un corazón de adorador, y dirigir a la congregación a la adoración, (Isaías 62:10, Juan 4:20-24). Es decir, debemos ser ministros con corazón de adoradores, buscando que, con los cánticos que interpretemos, las personas puedan ser retadas a tener una relación más profunda con el Señor, inspirados en lo que ven y/o escuchan de nosotros.

Si tú, como ministro de alabanza, verdaderamente sientes el llamado de Dios a dirigir a su pueblo a la adoración genuina, la unción del Espíritu Santo estará a tu disposición. Debes desarrollar un estilo de vida llena de adoración y alabanza a Dios para que así ayudes a otros hacer lo mismo.

Escojamos sabiamente nuestras canciones.

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Antes de explicar con detalle este punto, hay que entender que no existe la música cristiana. Música es música (esta es una opinión meramente personal). La diferencia está en quienes interpretan las canciones y en qué o quién están inspiradas. Muchas canciones que son interpretadas por personas que no han decidido servir al Señor, han sido inspiradas en sexo desenfrenado, drogas o alcohol, incluso si son instrumentales. Esto es a diferencia de nosotros, quienes hemos decidido dejar que el Espiritu Santo sea quien nos inspire, y nos lleve a interpretar canciones que sean agradables a Dios y estremezcan SU corazón.

El problema es que, lamentablemente, muchos de los músicos y cantores que han entregado su vida a Dios, escriben o interpretan canciones que están muy lejos de ser bíblicas. Y aunque no puedo decir que ha sido una decisión consciente, debemos tener cuidado con esto.

La única forma de glorificar a Dios en nuestros cultos es si nuestros cantos están llenos de la verdad bíblica. Tenemos que escoger cuidadosamente lo que cantamos o tocamos con nuestros instrumentos, revisando la letra a la luz de la Palabra de Dios. Nuestras metáforas deben ser claras y precisas, una expresión fiel del mensaje de la Biblia. Cantos que nos guíen hacia una relación personal con Dios y nos ayuden a expresar nuestros pensamientos y sentimientos hacia Él.

Es nuestra responsabilidad verificar que los cantos no solamente suenen bien, sino que la letra sea bíblicamente fiel y que represente el enfoque de la Biblia- exaltando la grandeza y los atributos de  Dios, y proclamando la gracia y obra redentora de Jesucristo a nuestro favor.

Mejor es que la canción sea un poco más difícil de cantar que doctrinalmente inexacta.

Y esto es todo por ahora. La primera parte de un tema que, en realidad, es un poco extenso. Seguiremos compartiendo opiniones al respecto más adelante. La próxima vez iniciaremos con: ‘’No somos indispensables (los músicos y cantores de la iglesia, no somos la parte más importante del servicio a Dios)’’

¡Hasta luego!

5 comentarios en “Carta al equipo de alabanza

  1. Me encantó. Es inspiradora esta publicación. Espero igual que todos lo que tengamos este privilegio en nuestras congregaciones, estemos dando un servicio con el corazón bien puesto. No comento más nada, todo está dicho. Esperando el próximo artículo.

    Excelente, abrazos!

    Me gusta

  2. Pingback: Carta al ministerio de alabanza – Parte II – Ammi Alba

  3. Pingback: Rumbo al 2016 | Ammi Alba

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