No te preocupes.

Alguien me dijo una vez: ‘’Te preocupas demasiado. Deja de hacerlo’’ y no tardé en darme cuenta de que, en realidad, tenía razón.

A decir verdad, a veces ni siquiera me preocupo por las cosas de las que debería preocuparme. Pero cuando me preocupo, especialmente por aquellas situaciones que están fuera de mi control y no logro comprender, entonces caigo en el agobio. Dios dice en su palabra: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones, enaltecido seré en la tierra.” Salmos 46:10

Tal vez te ha sucedido como a mí. Le has preguntado al Señor, “¿Qué quieres que haga? ¿Por qué está pasando? ¡Ya no puedo más!”. Y su respuesta a veces es: ‘’Calla. Yo sé lo que hago’’, o solo se queda en silencio. ¿Hay manera de saber lo que nos depara el futuro? ¡No! Pero si hemos puesto nuestra vida y nuestros planes en manos de Dios, podemos estar confiados. Nuestro deber es esperar en Él. Y lo sé. Depender de Dios no es tarea fácil, ¿pero sabes qué? Podemos y debemos hacerlo. Sus planes para nuestra vida son grandes y perfectos. Y debemos mantener la calma mientras él trabaja.

La preocupación y la ansiedad tienden a producir más úlceras y trombosis que soluciones. Ellas, en realidad, son producto de la falta de fe y sin fe es imposible agradar a Dios. La fe rechaza la preocupación y no le da lugar. Tan pronto como la tendencia a preocuparnos se quiera afirmar, debemos enfrentarla con una declaración de fe en el amor y cuidado de Dios. Si confiamos no estaremos ansiosos, pero si nos preocupamos no estaremos confiando.

Si nos ocupamos de que Dios triunfe, Él se ocupará de todo lo que nos afecte a nosotros; y la ansiedad será absolutamente innecesaria. Como resultado, habrá tranquilidad y serenidad. Esto no significa que la fe no será probada, sino que podrá vencer las más severas pruebas.

Así que, entrégale tus preocupaciones y cree en Sus promesas. Aférrate fielmente a la fe, pues ninguna inquietud o dificultad está fuera del alcance de Dios. El, mejor que nadie, conoce tu corazón y las intenciones que hay en él y aunque la situación parezca adversa, al final todo obrará para bien. Encárgate de ser fiel y obediente a Su Palabra y podrás ver su propósito cumplirse, como él lo había prometido. 

Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. 1 Juan 5:14

Se paciente

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  1. Pingback: Su regalo. | Ammi Alba

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