Dejando el peor de mis hábitos – #1.

Según el sabio Wikipedia, la onicofagia ”es el hábito de “comerse las uñas” generalmente de los dedos de las manos, o una manía si no puede controlarse. Es una enfermedad de carácter psicológico, que puede precisar de ayuda profesional. La persona que padece onicofagia puede llegar al extremo de retirar sus uñas hasta dejar la piel al descubierto”

Que espeluznante, ¿no? Pues, con gran vergüenza, debo confesar que actualmente lo padezco. Es un hábito repulsivo que inició cuando tenía apenas 10 años. Con el tiempo las razones que me ”motivaban” a hacerlo fueron variando. Desde intentar aliviar el estrés, hasta el ocio extremo, también conocido como ”aburrimiento” (esto último sucedía poco, pues no suelo aburrirme tan fácil).

Mi experiencia padeciendo de onicofagia ha sido, sencillamente, desagradable. Logré ”disimular” el problema muchas veces, y asumía gran parte del tiempo que la situación era indiscutiblemente personal. Ignoraba el hecho de que, no solo me afectaba a mí, también afectaba, de alguna manera, a quienes me rodeaban. Aunque una muy buena amiga lo hacía ver como algo divertido. Mis dedos eran llamados por ella ”palitos de queso” (Si, Rosaly. Me estoy refiriendo a ti) Pero en fin. ¡Vaya que las uñas de una mujer en ese estado son difíciles de apreciar! Es increíble lo mucho que puede llegar a destruirte un hábito como ese. Al final influyó a que tomara cartas en el asunto de una vez por todas. Una decisión a la que llevo un mes, justamente, siéndole fiel (bueno, no tan fiel). Y quiero compartir con ustedes el proceso.

Sé que hay muchos hombres y mujeres en el mundo, probablemente algunos de ellos me leen, que padecen de esta enfermedad. Les digo con certeza que hay esperanza. En algunos los efectos son más evidentes que en otros. Pero sea nuestro caso o no, la gente se equivoca cuando dice que es un hábito fácil de dejar. Por supuesto que no lo es. Y necesitas un poco más que solo voluntad para abandonarlo por completo. Pero eventualmente, se logra. ¿Cómo lo sé? Porque, como les comenté inicialmente, me apreté los pantalones hace un mes y decidí, concluyentemente, salir de la onicofagia y ha dado resultado.

Por supuesto, no ha sido fácil. Me he sentido tentada a dejarme seducir en momentos de mucha tensión y en muchas ocasiones, penosamente he caído. Pero debo decir que todo el esfuerzo invertido hasta ahora ha valido la pena. Ya no siento vergüenza al mostrar mis manos. Y sentiré mucho menos cuando el proceso termine. Mi objetivo es conseguir tener uñas de, al menos, dos centímetros de largo.unnamed (1)

Este es el resultado de un mes sin comerme (del todo) las uñas. Créanme que la diferencia entre mis uñas hace un mes, y mis uñas de hoy en día, es muy… muy grande. Pese a que continúan estando un poco cortas. Mi plan, a partir de ahora, es compartir con ustedes el crecimiento cada dos semanas. No solo me motiva a seguir trabajando en abandonar el mal hábito, sino que puede terminar sirviendo de motivación para quienes están pasando por lo mismo.

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