La voluntad de Dios vs nuestra voluntad.

Dios obra en base a dos voluntades: voluntad absoluta y voluntad permisiva. La voluntad absoluta es el plan perfecto de Dios para tu vida. La visión que tiene de ti, tu camino y de lo que El se ha propuesto que hagas. El propósito que ha tenido contigo desde el día en que pensó en ti, su plan diseñado. La voluntad absoluta es ciertamente, lo que Dios desea hacer y plantear contigo.

La voluntad permisiva, en cambio, es aquella que se enfoca mas bien en tu libre albeldrio. Tu oportunidad de decidir hacer caso o no, de obedecer o no, de escucharlo o no. La voluntad permisiva de Dios es, como bien lo dice el nombre, el permiso dado por Él de tomar nuestras propias decisiones.

Esta es una historia ficticia que plasma la verdad a la que intento referirme:

Una mujer en una ocasión le oro insistentemente a Dios pidiéndole una hija hembra durante casi dos años. El ya le había respondido que no, pero la impaciente mujer no se conformaba con esa respuesta. Tenia dos hijos varones, pero anhelaba tener una princesa en sus manos. Dios, en su posición como Rey organizado, dijo: Bueno, mi plan era que te quedases con tus dos hermosos varones. No creo que sea buena idea concederte la petición que ante mi presentas. Te había confesado anteriormente mi opinión al respecto, pero si es lo que deseas, así sera.

La mujer queda embaraza. Muy contenta, lleva dentro de su viente a la niña que tanto había estado esperando. Sin embargo, pasados varios años, la pequeña niña se convirtió en el peor de sus problemas. La mujer, triste y desconsolada, le pide una explicación. Al orar, sumida en llanto, termina por comprender, diciendo: Te desobedecí, quise hacer lo que me vino en gana. Mi insistencia por cambiar tu plan no era mas que mi rebeldía ante tu voluntad. Intentaste evitarme esto. Tu lo sabias desde el principio, pero no quise entender. Ahora pago las consecuencias de mi actitud en contra de tus planes. Perdóname.

Reitero que no es una historia real, pero espero hayas entendido a que me refiero. Quiero que aceptes el hecho de que, la voluntad de Dios, SU voluntad es perfecta, su plan es perfecto, su propósito es perfecto. Y cuando El no nos quiere ceder algo, no lo hace sin una valida razón. Imagina de cuantas cosas no ha de librar.

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