¿Dispuesto(a) a dejarle a Dios el control?

Le entonamos a Dios, que por favor nos convierta en un vaso nuevo. ¿Pero sabemos verdaderamente lo que implica ser un vaso nuevo? Relegamos la gravedad de la situación, que al pedirle que nos haga un vaso nuevo, le estamos solicitando que nos despedace y encabece su trabajo nuevamente. Ahora bien, ¿Nos gusta el dolor? No nos gusta el dolor, ¿cierto? Así que, ¿Cómo es posible que él nos haga un vaso nuevo, sin siquiera pasar por el proceso de quebrantamiento que causa dolor?
Así como el carbono debe pasar por un proceso de presión para convertirse en diamante o meramente, cristal, asimismo nosotros desfilamos hacia el fuego para convertirnos en las personas que Dios quiere que seamos. Dios quiere que nos acondicionemos en sus manos, descansemos, nos despojemos de lo que somos para que él nos trasfigure y nos convierta en lo que Él quiera convertirnos. Él nos va moldeando, y si algo no le gusta, deberá desarmarnos para arreglar el problema. Pero él lo hará, solo y únicamente si nosotros nos dejamos.

¡Nos cuesta tanto depender de Dios! No quieras a ayudarlo, pues el resultado será mucho más lento. Si lo dejas a él trabajar, hará en ti el cambio que busca. Si algo debes hacer mientras el hace su trabajo, es orar. Depende íntegramente de él, y ora. Ora, pidiéndole que te de fuerzas para sobrellevar su mano mientras te moldea. Confía en él, porque sabe lo que hace.

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