Cumpliendo nuestras promesas.

¿Cuanta gente vive todavía bajo la sombra de nuestras promesas incumplidas? Es demasiado tarde para regresar ahora y tratar de arreglarlo todo?

Pues el rey David le hizo una promesa a su amigo Jonatán. Dijo David: ”¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?” (2 Samuel 9.1)

El único hijo de Jonatán que quedaba, Mefi-boset, había vivido mucho tiempo con el dolor de la promesa incumplida de David. Había configurado su estilo de vida, su estado emocional y el concepto que tenia de si mismo. Su abuelo, el Rey Saúl, había maltratado a David antes de que este se convirtiera en rey. Quizá Mefi-boset temía que David lo maltratara a causa de su abuelo. Quizá había comenzado a sufrir la culpa de los pecados de Saúl. El temor y la culpa habían recaído sobre Mefi-boset hasta que David recordó y cumplió su promesa.

Probablemente hemos afectado a personas que conocemos con promesas que no hemos cumplido. Es importante que tratemos de cumplir cualquier promesa que hayamos hecho. No importa si en el momento actual, lo creemos demasiado difícil. Hacemos las promesas porque nos creemos capaces de cumplirlas. Y cuando no podemos, lo menos que podemos hacer es preguntar que ha representado nuestro descuido para aquellos a quienes hemos defraudado y pedir perdón por no cumplir esa promesa que una vez hicimos.

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